domingo, 16 de enero de 2011

El caballero.

“ ¡No las busques¡. Pero algún día verás formas redondeadas y blancas como la luna, y será el inicio de tu verdadero destino.” Estas eran las palabras que le repetía su niñera, que con escondida vocación de bruja creía en la magia y en la conjunción de los astros.

Tan hastiado estaba el jinete como su caballo de cargar con la pesada armadura, hasta el punto que ambos estaban encorchados tanto por heridas viejas y oxidadas como por roces endurecidos en el sudor del trote bajo el sol. A veces nuestro monje del temple se encontraba escéptico con su camino de lucha y castidad.
Al amanecer con frío y humedad en los huesos, y nada más iniciar la marcha, aparecían a cada movimiento de su caballo, a cada escollo del camino y a cada cambio de peso de la armadura un dolor. Uno ya viejo y reconocido, otro agudo y nuevo.
A medio día llegó a un arroyo entre encinas, se desnudó y se dirigió a la orilla, donde barro y cieno le esperaban para retozar y arrascarse como manada de jabalíes.
No fue la invitación del arroyo limpio, ni los días que llevaba sin bañarse, sino su decisión de dejarse llevar por su cuerpo redondo y maduro, lo que le hacía dar varias vueltas a un lado y a otro como tonel flotando en el agua. Por fin tras mucho ir y venir, salió a secarse y se acomodó en una encina. Apenas levantó la vista, un escalofrío le recorrió la espalda, porque el horizonte le mostraba unas piedras blancas como huevos gigantes que obligaban al río a caer en cascada. ¡Era la predicción de su niñera¡.



Era casualidad tal vez que dicha premonición se cumpliera cuando Orlando atravesaba el condado de Gonzalo, pero bien era cierto que no dejaba de pensar en Clara, la hija de Gonzalo, con la que conversó y bailó durante toda una noche. Había pasado un año desde el encuentro, y caminos de polvo y soledad dio para mucho en su imaginación. Recomponía una y otra vez una historia entre ambos.
Entonces se armó de valor, quizás por las piedras blancas y redondas que le mostró el río, y envió una carta a Clara con un criado, donde le anunciaba que en unos días pasaría a cenar con Gonzalo. Y le citó en el corredor del antiguo monasterio.

Al otro lado del valle, y cuando la noche estaba madura, Clara accedía a la zona deshabitada del castillo, y al llegar al antiguo claustro atrancó la aldaba y cerró el portón...andaba con sigilo y comprobaba que todo estaba como la última vez, hasta que en una esquina de los soportales dejaba caer su ropa de dormir que acariciaba su desnudo cuerpo. Descalza corría y jugaba sin pisar las juntas que separaban las piedras, sorteaba las sombras, daba vueltas, saltaba y hacía reverencias, a la vez que sus jóvenes pechos apuntaban a lo más alto de los arcos. Alzaba sus brazos, cruzaba sus piernas y se inclinaba hacia delante. Desde fuera parecía una mariposa blanca que revoloteaba por los arcos y bailaba con la luna.
Fue entonces cuando su respiración se agitaba cada vez más y el corazón le pedía aliento, por fin más calmada tomó aire y paseó despacio hacia el estanque. Porque tanto le gustaba corretear desnuda como flotar en el agua, y así mientras se bañaba sentía como el agua fría recorría y dibujaba el volumen de su cuerpo. Mas tarde se sentaba en una esquina del estanque mientras el agua mecía el reflejo de la luna y ella soñaba y anhelaba algo que estaba por venir.





En la noche del encuentro Orlando galopaba el llano que anunciaba el castillo. Sobre el empedrado patio de armas los cascos de su caballo resonaban en el largo corredor.
Entró en la antesala, dejó sus armas en una robusta mesa , y avanzó hacia el ancho soportal franqueado por grandes arcos, que protegidos por cristaleras se asomaban al jardín.

Cuando más huecos resonaban sus pasos, de una puerta al corredor apareció ella. Se miraron y entregaron sus manos con ánimo de saludo y alegría. De repente conversaciones y sombras de dos mujeres que paseaban interrumpían su saludo. Ambos, con la intención de guardar su secreto, de un salto se escondieron tras las enormes cortinas de terciopelo que cubrían cada uno de los amplios arcos. Al caer, y abrazarles las cortinas, quedaron uno frente al otro. La respiración sofocada y cortada de Clara empujaba sus pechos con violencia a través de su apretado vestido.
El silencio y la quietud para no ser descubiertos aumentaba el deseo de ambos...Orlando se desencajó la armadura y la ató a la barra de hierro que cruzaba el arco, a la vez que su poderosa mano agarraba y rompía todo un entrelazado que dejaba al descubierto el pecho blanco y firme de Clara. Fuera los pasos se oían una y otra vez.









¿Cómo se puede contener el deseo? ¿Cómo ahogar un suspiro?... En silencio, el corpulento Orlando levantó el cuerpo delgado y blanco de Clara sobre el poyete del gran ventanal. Orlando que era capaz de tumbar un caballo agarrándolo por el hocico, movió a su antojo las suaves caderas de Clara, que abierta como una rosa recibió a nuestro caballero. Forcejearon con gemidos y suspiros ahogados... Aprovechando el ancho peldaño Orlando la sentó sobre él y la zarandeó cabalgándola sin armadura. Una y otra vez galoparon juntos hasta que sometida y extenuada de placer recibió lo más íntimo de él.

Al día siguiente Orlando Orgaz colgó sus hábitos y le pidió a Gonzalo la mano de su hija. De esta forma cambió su persecución a herejes por el gobierno de una hacienda, su armadura templaria por una vestimenta de noble, sus largos viajes a caballo por pequeñas salidas en su condado, y sus noches de soledad por baños compartidos en el estanque. Y por fin encontró la dirección de su vida: mirar y acariciar, blanca y redonda, la barriga preñada de clara, mientras el agua del estanque mecía el reflejo de la luna...

5 comentarios:

tino dijo...

Mi querido amigo prometo leer esta narración con detenimiento. Es sugerente pero hay algunas cosas que podrían corregirse. Ya te cuento despacio y en otro momento. Ahora, te felicito por este deseo de contar historias. Te sugiero que la leas como si tú no la hubieras escrito, creo que un lector "compulsivo", como tu, advertiras ciertos errores de estructura. Pero, te repito,felicidades por lanzarte a escribir. Un abrazote. Tino

Miguel Angel dijo...

Un abrazo.

Miguel Angel dijo...

Gracias María, me atrevo a colocar tu comentario en el blog.

Hola Miguel Ángel!
He leído tus relatos y me gustaría hacerte un análisis más exhaustivo, ya sabes cortar y pegar y mostrarte los párrafos que por una u otra cosa me han llamado la atención, pero quizá ni siquiera es eso lo que tú deseas.
Te diré que me han parecido entretenidos y las descripciones muy gráficas, me lo podía imaginar mientras lo leía. Yo revisaría la puntuación, ya sabes, comas que faltan, que sobran (nos pasa a todos) y en algún caso cambiaría las preposiciones. En el relato del caballero hay una parte del texto que resulta un poco confusa (la noche del encuentro), una se pierde un poco al leerla, y también resulta algo incoherente que se estuvieran escondiendo en total sigilo y después se pusieran todo por montera y armasen la "cabalgaba". Si me lo permites, también me ha parecido ver un exceso de la "y", creo que podrías utilizar otras fórmulas de unión o de paso para la siguiente idea.
Son relatos divertidos cuya lectura se hace ligera y no se meten en las abstracciones de algunos que, por ello mismo, terminan siendo pesados.
Enhorabuena por tus creaciones y gracias por querer compartirlas, eso siempre es un acto de valentía.

Un abrazo.
María Blázquez Alonso.

Miguel Angel dijo...

Gracias María. Me ha encantado que te lo pudieras imaginar mientras lo leías, esa era la intención. Efectivamente hay que depurarlo, ya sabes que cuesta mucho la poda.
“Copulativas reiterativas”, tienes razón, muchas veces parece un texto atropellado, como en continuo desenlace, y esperando que se termine rápidamente.
Ya sabes, el género del relato o el cuento es muy denso, y la escena detrás de los “cortinones” puede tener un desarrollo mayor, antes y después. Sinceramente el cuento ha ido cociéndose a párrafos, sin saber desde un principio el final ni el inicio, y luego la composición. Puede carecer de una continuidad o cuerpo homogéneo.
Gracias por tus comentarios, me conforta también la idea de que no hay abstracciones, que muchas veces te sacan del cuento, pero sí hay una idea profunda que es el paso del tiempo, vivir el presente, y el efecto mariposa, como las experiencias y la toma de decisiones se desarrollan y desenvuelven en el tiempo.
Un abrazo.

Bracelli dijo...

Miguel Ángel es más que atrevido, es el lanzador de puñales... ¿quién se apunta a ser la joven de la diana?, (yo no, por si acaso)

Abrazos a todos y todas.