El fútbol.
Mayo del 72, tenía 6 años y una mañana de domingo, mi padre me tomó de la mano y me llevó a ver un partido: "ponte esa equipación que hay en el banquillo", era parecida a la del Inter de Milán y, en el pecho con letras blancas "La Meca de los pantalones".
Estuvimos viéndolo, y tras un montón de tiempo, me dice el entrador:"sal al campo",
conforme entré a la altura del circulo central, me llegó el balón rebotado, y de manera automática inicié lo que llevaba haciendo toda mi vida:"jugar al fútbol". Regateé al primero, me abrí a la banda izquierda, driblé al segundo, y cuando parecía que la pelota se escapaba por la línea de fondo, volví hacia atrás, me salió el portero, se la lancé al poste contrario y… !Gol!
De repente, me encontré desconcertado porque todo el mundo empezó a saltar y gritar de alegría, y muchos de ellos adultos -!como mi padre!-. Llevaron el balón al medio del campo, y cuando el otro equipo iba a sacar, el árbitro pitó el final del partido, (habíamos ganado 3-2). La gente entró al campo, me empezaron a abrazar y darme la enhorabuena. Hoy tengo 45 años, y en pocas ocasiones he sentido ese reconocimiento y autoestima. El gol es magnífico, y muchas veces le da reconocimiento a un duro trabajo de equipo, a un trabajo colaborativo, y también muchas veces de forma lúdica.
Abril del 2011. Los dos grandes equipos de nuestro país se enfrentan cuatro veces en cuatro semanas. La España masculina está dividida en dos, y yo era un espectador privilegiado, porque estaba leyendo el estupendo libro de Maria Elena Simón:"La igualdad también se aprende. Cuestión de coeducación", porque llevaba trabajando muchas horas en la tesina del master, porque soy un hombre desenganchado del fútbol y con una educación patriarcal, y porque tengo una elevada formación en este deporte y en igualdad.
Llegaba a mi centro de trabajo y compañeros que se llevaban bien durante años, estaban enfrentados a muerte futbolísticamente. Al principio pensé que los hombres somos muy torpes, porque ninguno de los millones de aficionados han elegido o decidido el color de la camiseta, el diseño del escudo, la asignación de presupuestos, los fichajes, el estilo de juego, o el entrenador, es decir, no decidimos nada, y sin embargo, nos sentimos identificados al 100% con nuestro equipo, del que nos hicimos un día hincha por alguna casualidad. Pese a intentos exhaustos de ser y sentirse muy distintos, los aficionados del Barcelona y del Madrid, se comportan igual, podríamos decir que de forma mimética.
Y más tarde, me di cuenta que no eran torpes, sino que interpretaban a la perfección "el rol del guerrero", el juego esta basado en el modelo "1-0", es decir, yo gano si tu pierdes, y no el modelo "1-1" salimos ganando los dos. Este rol nos lo define Maria Elena Simón: