sábado, 15 de diciembre de 2012

La tertulia de diciembre. Mamen Alegre y la poética del silencio.


          

Ayer nos reunimos en torno a unos dulces y un café. Tan íntimo era todo que no cabía hacer fotos para no romper ese equilibrio de lo cercano. La foto la hicimos cada uno en los gestos que marcaban ese discurrir de la tarde donde la amabilidad del encuentro permitía que los poemas fluyeran con suavidad. Esta vez eran los versos de Mamen Alegre.

            Sí, la poética de Mamen tiene ese punto de lo místico que enamora y emociona. Esta nos presentó poemas sueltos sin la pretensión de darnos un trabajo terminado. Lo dejaba claro  con una indicación en el primer folio que decía “la importancia del título”. Aquí, después de dos puntos, anotaba unos cuantos temas algunos de los cuales podría ser el título de un futuro poemario. Uno de estos títulos que, al menos a mí, llamaba más la atención era el de “Pediré silencio tres veces”.

             Mamen, leyó, con esa prisa nerviosa de quien quiere modestamente que el "sofocón" termine pero también con la energía propia de una persona, como ella, que sabe apretar el dolor y sublimar los malos momentos, como expresa uno de sus poema:

Se trata también

de conocer el dolor, 
el azote de los algodones helados
el círculo  mudo  que nos desnuca.
Lo que sugiere la noche, a secas,
y la importancia de la costumbre.


           Al recitado le siguieron los comentarios. Siempre es penoso hablar del continente, de las formas estructurales, de comas que sobran y versos con palabras que no tienen  sentido cuando el contenido profundo, como el de nuestra tertuliana, exige con urgencia ocupar el centro ce la discusión. De todas maneras,  Mamen escuchó con la atención de la alumna que crece y que, como una “esponja”, recoge las mejores indicaciones. Maravillosa actitud, la propia del escritor-escritor. Y es que nuestra tertuliana está siempre dispuesta a recoger las sugerencias de los otros contertulios, "de los que aprendo mucho"- como ella dice- aunque a decir verdad, su humildad nos enseña a todos. Actitudes como estas dan versos como los que siguen:

Ocurrirá,
que el lento fluir de las palabras
romperá su encierro.
La inquietud de las luces apagadas
acabará por encenderse,
como si no hubiera sido
de otra forma.

Los días pulcros
en ausencia de versos,
trazarán una línea:
La locura.

O el sentirse agradecida
a las esquinas.     
         
De todos los poemas los que más impactaron fueron aquellos donde Mamen se deja llevar por la nave de la emoción. Cuánto transmiten poemas como el que sigue, titulado: Sí, recuerdo la lluvia,  cuyos versos se dejan sentir hasta lo más profundo del alma. Unas estrofas magníficas donde la música del agua marca el límite del silencio:

A veces, llovía como ahora
de una forma callada
y todo quedaba quieto.

Era una quietud de sueño gastado
un silencio de piernas largas,
un refrescar extraño.

A estas primeras estrofas le siguieron otras que dibujan el trasunto de otras realidades esas que hace que los poemas, al menos este, tuvieran ese sentido esencial del metarrelato con un perfecto desarrollo de los significantes más vitales:

Crecían más las hojas entonces
y cercana a la ventana, la tarde,
abría surcos 
para morir en la tierra.

Y es que el agua, en este caso, se convierte en signo indeleble de lo que se transforma, en la huella de tiempos mejores donde las palabras dejan de existir porque los silencios y el sentimiento emocionado ocupan su espacio:

A veces,
llovía como ahora
y después, las habitaciones
eran agua  y también los armarios,
y había que dejar
en aquellos momentos
que la vida se hiciera cargo
de la voz enmudecida,
del llanto de las ventanas
hacia adentro.

         Los poemas de Mamen dieron para hablar de muchas cuestiones donde la literatura aparecía como algo más que un oficio, en la que ella continúa a ser un punto de aprendizaje y crecimiento personal. Era tanta paz la que transmitieron los poemas de Mamen que no era difícil apreciar el silencio que, como marcas propias, iban dejando estos después de leerlos, un silencio tan solemne que es imposible  abarcarlo, tan solo se puede intuir sin saber qué hacer con él, como nuestra poeta expresa en estos versos:

Qué haré entonces con el silencio

Con la voz perfecta
que anida en la boca del pez.
Qué haré cuando se alce
en el borde de este agua,
el alma,
la palabra limpia
que todo lo rompa.
                                                                                          

               Lo importante, lo que más se resaltaba de la reunión era esa decidida intención de podar y limpiar el poema. Importa hacer este ejercicio de poda para que las ramas que resten den buenos frutos. Y lo más y mejor, que Mamen admitió así como el resto, fue el consejo de no dispersarse en la idea del poema al escribirlo ya que importa, y mucho, colocar las palabras escritas al servicio de la idea. Es interesante no diluirse en el poema.

             Así, hubo algunos poemas que acertaron a marcar las pautas de este crecimiento común al escribir dejando espacios para el silencio, como este que titula: El silencio número dos y la mentira

Gotean ojos sobre estas letras, murmullos por encima del silencio número dos. Es la caída del resto de los intentos, y sobrevivir una derrota posible. Gotean ojos y el otoño siempre abierto al golpe de aire, teje un cielo de nailon que miente con la capacidad de mirar sin ver, de hurgar en la herida que llega, girando como una náusea, a la garganta de quién lee y no conoce la procedencia de la emoción, la humedad de las lágrimas que pueden ser risueñas o tal vez mudas, de tan secas que se expresan.

       Poemas como este, donde la estética de lo cierto eleva a otros espacios y los signos de lo cotidiano se vuelven sublimes. Así es la poética de Mamen un  estar ocultándose para que el ser del gesto tome protagonismo. Así,  lo dejan patente estos versos:

Se trata

de esconder los ojos
ante el hosco oleaje
de algunos días.

Luego,
hay que girar lentamente
hacia la pared
anteriormente besada,
para comprobar
lo que del beso ha quedado.


La tertulia terminó en ese no finalizar que deja latente el deseo del volver a vernos, como lo será, si nada ni nadie lo impide, el primer viernes después de las  vacaciones de Navidad.

La lectura del trabajo de Mamen no impidió hablar de ese cotidiano que a todos nos embarga y nos mantiene vivos, de las alegrías, como las de Manuel Romero por tener a su hermana fuera de peligro después de un ictus y por los frutos que está dando la renovación de su empresa editorial, "la editorial profesional en línea" una de las mejores empresas para publicar libros on-line del momento.


Notamos las ausencias justificadas de María Blázquez, la de Manuel “Salitre”,  las de Miguel Ángel y Dani, incluido su amigo, las de Juan Antonio y Carmen, así como las de José Enrique Campillo y Plácido Ramírez. Alguien me ha apuntado que igualmente habrá que verse estas Navidades para, personalmente, desearnos lo mejor en estos días. Y de no ser así vayan, desde este espacio, mis mejores deseos  para todos en estas fiestas y año nuevo. Y el mejor deseo es que sigamos siendo esto buscadores de esa verdad que nos hace felices sabiendo que la felicidad es un dejarse guiar por el placer de lo auténtico en cada instante. 


3 comentarios:

María Blázquez dijo...

De alguna forma, estuve con vosotros.
Os quiero.
Abrazos mil.

tino dijo...

Otros miles para ti y tu familia. Tino

Mamen Alegre dijo...

No sé si tomar distancia también de lo que comentas Tino. Me abruma lo que leo y en cierta medida, pienso que pesa. Como debe de pesarte a ti el saco de gracias que llevas a cuestas. :)

Abrazos María, guapa.

Abrazos querido Tino.