lunes, 4 de febrero de 2013

Trinidad Ródenas. Poemas de la huida




El viernes día 1, siguiendo nuestra costumbre de los “primeros viernes” se tuvo la tertulia de Página 72. Esta vez, Trinidad Ródenas puso en la mesa un denso poemario, unos versos de huida, donde la lucha de contrarios desarrolla una paradoja de lo vital.

Trinidad presentó su creación, Sigdhá, el hombre solo. Poemas de la huida, diciendo que este libro “es el resultado de muchas lecturas” y de mucho tiempo. No es fácil construir 500 versos aunque, como dice nuestra autora parafraseando a Saramago, “lo primero que surgió fue el título, después los personajes me fueron llevando hasta el final”. A pesar de todo es difícil condensar tantos versos.

Para mantener la coherencia del texto, Trinidad dijo haber encontrado una estructura donde verter tantos versos y fue en el marco contextual de los cuatro elementos: Tierra, agua, aire, fuego. Este tratamiento dió como resultado este poemario a caballo entre la ficción- mitológica y la realidad-urbana marcando de manera definida las dos partes del poemario.  En la primera parte, la más extensa,la carga mitológica da fuerza a las metáforas del metarrelato. En la segunda, con poco mas de cien versos, nuestra poeta resuelve las cuestiones que va dejando abiertas en la primera.

La primera parte:

Los versos se entrelazan en la estructura de los cuatro elementos: tierra,agua, aire, fuego, configurando la personalidad del protagonista, de Sigdhá, el cual, con un tono especialmente mesiánico, va por un lado, sorteando las dificultades de la noche sin perder el rastro del camino; o superando las adversidades mas terribles que, como un mar, le abocan a naufragar; y por otro, a abandonándose a los deseos imposibles hasta provocarles alas de libertad; o saltando por encima de la muerte con la purificación del fuego . Así lo anota en los versos cabecera de cada elemento que a su vez lo son también de los capítulos:

    I. Tierra.

Cuando anochezca
se borraran mis huellas.
Pero aprendí el camino
y no me perderé.


II. Agua.

No temeré al naufragio.
Ríos me llevan
a mares sosegados.

III Aire.

Quise volar.
Construí mi deseo
y me nacieron alas.
Alas de aire
para mi cuerpo libre.

IV Fuego.

¡Purifícame, oh, fuego!
Que tu fulgor aviente
la vida que me resta.

La realidad de los cuatro elementos sitúa al lector ante la búsqueda, ante la sorpresa que la propia realidad depara. La mezcla de mito y saber-logos que este libro tiene lo hacen interesante al mismo tiempo que recortan las posibilidades de lectura de gran público debido a la densidad de sus expresiones y por el carácter culto que aparece desde la primera página,

Con esta obra Trinidad nos hace gustar de un recorrido vital aun con el trasunto de verbos en imperfecto donde la acción se acentúa en sí misma por encima de lo que ocurre en su alrededor. De esta manera, colocando los versos en imperfecto de indicativo,nuestra poeta expresa la densidad de la huida al decir: caminaba despacio/ era larga la huida; o subraya la solemnidad del silencio mismo, cuando anota que le hablaba sin palabras/ y el silencio más alto llovió sobre sus ojos.

Por otro lado, este poemario, Sigdhá, el hombre solo, nos adentra en esos limites absurdos de la paradoja, No dejamos de ser seres contradictorios y desde nuestra propia lucha interior, llena de contradicciones, nos exigimos lo que no damos o pretendemos hacer lo que en realidad no hacemos. Nuestra autora consciente de este ser convulso que es el humano describe a su personaje anotando:Creció mi cuerpo,flexible como el junco,/ pero firme y altivo contra el viento inclemente. O en este otro donde los versos están llenos de tensión vital

Todo en mi es soledad,la tierra toda
cruje bajo mis pies, rompe el silencio
y al silencio doy gracias, y al silencio me entrego

Nuestra poeta se acerca a la paradoja suma cuando dice del peregrino, del hombre en huida, que se siente ser todo y nada en el inmenso.

Y así, poco a poco, versos a verso, el texto acerca al lector a la tensión interior de la que solo puede nacer bonanza. De esta forma, se expresa Trinidad cuando dice con tonos mitológicos y casi pictóricos a lo Boticelli :

 
Bramaba el mar
entre besos de sal y gemidos de hombre.
Como senos, las olas crecían en su boca,
doblegaba sus muslos,
horadaba su cuerpo con un semen de espuma.
Hombre de mar, mar de hombre en feraz posesión.
Hombre solo, mar solo en virgen comunión
hacia el fin de la huida.


La segunda parte:

Las dificultades insalvables de la primera parte de la obra se recomponen en la parte final donde la vida se conjuga.

Cerré el libro y sentí
que una noche de insomnio acontecía
tras el punto final.
El hombre solo.

Con los poemas finales, las metáforas de la primera parte se transforman en realidad urbana en la que el nuevo Sigdhá dice pisar, como el personaje ficticio, la tierra que sustenta y la tierra que hunde y beber el agua limpia de un río que me ahoga. Y como Sigdhá morder el aire que orea mis pulmones / y escapa mansamente, furtivo entre mis labios. Todo un lance programático en la que aparece el rito iniciático de la vida como lo subrayan los versos finales de este poema:

Me abraso como tú, y ardo y crezco
en las llamas del fuego que me acoge.


Es admirable como Trinidad Rodenas, utilizando algunos argumentos de lo mitológico,de la mística oriental introduce al lector en un dialogo vital en el que, a veces las exposiciones narrativas lo ralentizan. Este diálogo de los personajes hace que el poemario se situé al limite de la prosa poética. De haber escrito la primera parte en hexametros , como Homero, hubiera sido algo más que genial. Aunque, a decir verdad, nuestra autora no tiene la intencionalidad retroactiva de Ruben Darío con su famoso hexámetro holodactílico: «Ín-cli-tas ra-zas u-bé-rri-mas, san-gre de Es-pa-ña fe-cun-da». En resumen, fuera de suposiciones estilísticas, la realidad del presente trabajo es un ensayo que mereció su discusión en la tertulia. En esta se resaltó, además de la complejidad de la obra, el esfuerzo, el gran esfuerzo de nuestra autora, por presentarnos unos versos vitales más allá de un gusto culto. Así:

Amanezco

Y de nuevo la vida me encuentra en sus despojos,
desnudo de su carne.

Y de nuevo la vida...
Amante despechada que sale al paso.
Me rindo a sus encantos y me humillo ante ella.
Y la sigo, y me arrastro,
y pruebo sus filtros de ancíbar y melaza,
y paso, junto a ella, por cárceles y fugas,
por la piel de la historia, por los bordes del verso.
Y pasaré, como ella, cuando las fuerzas me venzan:
El final de la huida.

Y en este encuentro de la vida en sí misma, Trinidad incluye los previos de sus versos en los que, de una manera didáctica, subraya las  inquietudes:

Y llego tarde.
Soy uno más y nada me distingue.
Uno más en la lucha, uno más en la búsqueda,
y llego tarde, siento que llego tarde a las victorias
que celebran los otros.
Oigo silbar el tren del último minuto.
¿Habrá asientos vacíos ?
¿Por qué no se detiene y se aleja sin mí?

Las perdidas son, al mismo tiempo, encuentros con el limite de lo vital y más allá de un simple remedo del espacio la soledad se convierte en la ascesis necesaria para crecer como un hombre solo

que atraviesa el portal sin despedirse,
con el abrazo ausente;
que renace y renace en el asfalto
con el traje diario de pasar sin ser visto;
que emprende la andadura por calles aprendidas,
en busca de un espacio entre todos y nadie.


Gracias  a Trini, por su poemario. Una vez más, se comprueba que escribir requiere silencio además de una buena dosis de paciencia y humildad. Al escritor se le resisten las veleidades y las estrecheces de miras, las mediocridades no caben. Gracias porque con este poemario nos lanzas a esta mística del aguardar las palabras, las letras, en el silencio de los días tal vez con la inquietud de la huida que al fin y al cabo,es búsqueda interior desde la que poder decir con el personaje del metarrelato poético, Vivo llegando.

3 comentarios:

Trinidad Ródenas Alcón dijo...

Gracias, Tino. Si alguna vez fui bello y fui bueno, también te lo debo a ti. Sigdhá.

tino dijo...

Gracias a ti, Trini, lo reitero, gracias por estar ahï y compartir tus tesoros.

José Manuel Vivas dijo...

Tino,como siempre lo clavas, tus análisis dan vida a este blog y a estos tertulianos/as... Y reitero, también, que nuestra querida Trini nos ofreció un regalo de sensibilidad y poesía de alto calibre... como siempre (y no es peloteo, es la realidad). Un abrazo a todos/as