domingo, 22 de julio de 2012

Soneto de José Antonio Zambrano. A la memoria de Angel Campos Pámpano




Mecer las albas fuera nuestra vida,
comenzar a jugar más con la suerte
era como ausentarnos de la muerte
que el silencio sepulcra y nunca olvida.
Colmo fue el despertar la amanecida
condición de sabernos y saberte
frío en la cavidad desnuda y fuerte
de una sombra de luto presentida.
Entro en la noche  y me disculpa el día
tu destino de nieve corrompido
sobre una lluvia seca de despojos.
Extraño doma el aire lo que lía,
lo que acampa en el humo desvivido
de esta desierta escucha de mis ojos.


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